Mentiría si dijera la edad exacta desde la que colecciono cuadernos. Lo único que se es lo típico que se dice en estos casos "lo hago desde que tengo uso de razón" (obviamente no es cierto, pero quedémonos con eso).
Desde chiquita cogía los cuadernos, no discriminaba, no me importaba si era loro, justus, minerva, paperblanks, etc. Los cogía y los olía y al instante me entraban unas ganas infinitas de pintarrajear esas hojas intactas, blancas y vírgenes. Mis padres nunca entendieron que en navidad sólo bastaba con regalarme un cuaderno y un montón de plumones y lápices (felizmente la tradición de los regalos no duró mucho y no tuve que soportar más muñecas diabólicas).






