domingo, 23 de diciembre de 2012

"Piropos" callejeros


Hace unos días caminando por las calles de Iquitos me pasó algo que es común a muchas mujeres en el Perú y el mundo. Un hombre de más o menos 35 años me detectó a lo lejos, cambió su rostro de hombre corriente y se convirtió en el “piropeador”, posicionó su cuerpo estratégicamente para estar lo más cerca a mi, y de ahí vino el: “Mamacita qué rica estás” con el repugnante tono que acompaña a este tipo de comentarios.

Por su mala suerte o simplemente suerte,  el día me estaba preparando para verbalizar mi bilis, así que paré y sin pensarlo vomité lo siguiente: “Lo que acabas de hacer se llama acoso sexual maldito imbécil”, y seguido de eso mi brazo y puño izquierdo generaron un movimiento irracional, inconciente pero voluntario y le metí un puñetazo en el cuello, al mismo tiempo que mis pies emprendían la ruta que el engendro este había interrumpido. Llegué a mi casa, y tenía una sensación fea producto de mi inesperado puñetazo, sabía y se que “las cosas no se resuelven con violencia”, así que no estaba tan orgullosa.






Entré en una cadena de reflexiones, pensamientos, re-escenificaciones del hecho, etc. Al final decidí contárselo a gente, empecé con las amigas, luego el novio, mi madre y por último mi padre. Las amigas y el novio me felicitaron y me recordaron algo que yo ya tenía presente, que tenga cuidado porque cualquier otra persona tranquilamente me agarraba y me quitaba la médula espinal por “igualada”, mi madre solo se asustó y luego mi padre tuvo la reacción, que más o menos me esperaba, se rió de mi.

Mi padre es una persona muy inteligente, no muy empática, racional, tiene conocimientos diversos, y una muy buena conversación. Casi nunca pensamos igual, por eso no me sorprendió su reacción. Sin embargo pensé que después de la risa, me iba a decir que estuvo bien que me defendiera y que siempre haga valer mis derechos como mujer y todo el discurso, pero claro, eso sólo lo manejamos algunas de las mujeres (y algunos hombres) La palabras que vinieron después de su risa fueron “es que porque eres tan linda” y luego siguió burlándose de mi ira y mi lucha constante ante los “piropeadores”. En ese momento mi cerebro nublado de ira ordenó a mi brazo lo mismo que hace unos días, así que golpeé a mi papá. No, no tengo un problema de manejo de ira, pero para mi este tema es muy sensible. Me fui a mi cuarto y una vez más comencé a darle vueltas a mi reacción y al mismo tiempo a contabilizar las veces que he sido víctima de acoso sexual callejero.

No conté las veces que hombres me dicen/gritan/ladran en la calle. Conté las veces que los hombres han hecho más que verbalizar sus deseos o pensamientos sobre mí. Llegué a 7 incidentes callejeros y uno pues no callejero. Así que después de eso me di a mí misma la razón de mi ceño fruncido y cara de orto cuando camino por las calles limeñas, iquiteñas, etc. me di la razón de mi posición defensiva hacia humanos del sexo masculino que no conozco como amigos. Pensé que si mis padre conocía el por qué de mi actitud tan a la defensiva, me entendería, por ello decidí sentarme a la mesa y primero pedir disculpas por el puñete (que al parecer no le dolió físicamente, lo que me hace pensar que al engendro de líneas arribas tampoco, aunque espero que el ego sí) y seguido de las disculpas contar mis historias de acoso sexual callejero y la que no.

Empecé las historias por orden cronológico, fueron más o menos así:

  •        2001 – El hombre que mostraba su pene como trofeo erecto en las calles de Iquitos, especialmente en la esquina de mi colegio que era de mujeres.
  •        2001 -  El hombre que me agarró el culo mientras regresaba del colegio.
  •         2007 – El hombre que viajaba en la 73A que se masturbó mientras tocaba mi hombro.
  •       2007 -  El hombre que me cedió el paso para bajar del bus y mientras lo hacía alzaba mi vestido con su maletín.
  •         Mediados de los dosmiles – El cobrador de la 73 que me sobó la mano y me miró con... “coquetería”.
  •         2008 – El hombre que hizo todo lo posible para sentarse a mi costado en la combi y quiso tocarme y no me dejó salir de la combi.
  •       2012 – El hombre que mientras dormía en un bus camino a Bilbao (porque esto lastimosamente no es exclusivo del Perú) metió la mano por debajo de mi abrigo y quiso levantarme la blusa
  •           Y claro nunca faltan las punteadas en un bus lleno.

A medida que lo contaba mi voz se quebraba, sobre todo cuando recordé la del 2008 que fue la que más me asustó. Mi madre me miraba con susto, creo que esperaba una historia de violación, por suerte esta no se venía, pero había otra historia. En el 2007 una amiga y tres muchachos que conocía, constantes de años en mis círculos sociales iquiteños, terminamos borrachísimos en la casa de uno de los muchachos. Yo terminé en un estado prácticamente deplorable. En algún momento la amiga se perdió con uno de los muchachos y yo me quedé sola con los otros dos. Gracias a mi situación uno de ellos aprovechó por poner su grotesco cuerpo encima del mío y posó su trompa en mis labios, yo quité la cabeza y el se movió. No se si los dos o uno decidió levantarme la falda y me rosaron la vagina unas cuantas veces hasta que me volteé con todas mis fuerzas y luego me paré. Nunca le conté esto a mis padres, sólo se lo conté a amigas, las que valen la pena me ayudaron, las que no se rieron y me dijeron por qué me emborrachaba de esa forma, esta actitud pertenece a un debate relacionado, pero que se aleja un poco del acoso sexual callejero.

Terminé todas las historias y reflexioné al respecto y dije algo así, sin la elocuencia escrita, …papá perdón por como actué pero quiero que entiendas que todos los días me veo expuesta a situaciones iguales o similares, y por ello quiero que me entiendas que los simples y rutinarios piropos, no tienen nada de simple y ciertamente no deberían tener nada de rutinarios, es una situación que me pone a la defensiva en las calles y nunca se cómo defenderme...

Solo mi abuela dijo algo rápidamente: “cuando te pasen esas cosas (se refería a la de no callejero) nos lo tienes que contar rápidamente”. Después de aquella intervención nadie más en la mesa dijo nada, por un momento pensé que en su cabeza decían que les había cagado el chifa. Mi abuela miró a todos y dijo: ¿Opiniones? Y mi papá habló y me miró por primera vez desde que nos sentamos en la mesa. Sus palabras cargaban el siguiente mensaje, No puedes reaccionar tan violentamente ante cualquier piropo que te digan en la calle, porque no todos son malos. Me alteré (fácil sí tengo un problema de manejo de ira) le dije que no hay “piropo” bueno en la calle, que lo que a él le parece bonito o agraciado, a la mayoría de las mujeres es una molestia, porque no nos enfrentamos con una de esas intervenciones al día, sino que nos enfrentamos a varias durante el día y no es agradable y una no siempre es paciente, porque la primera la dejas pasar, la segunda ya te jode, la tercera ya frunces el ceño y pasas rápido, la cuarta se te sale el popular y veloz “calla mierda” y la quinta si vas de buen humor ya te ríes de frustración o sino le demuestras lo florido de tu vocabulario (en el cual a mi me va muy bien) .

Mi padre y yo entramos en discusión y le dije que no había entendido nada de lo que había dicho, fue ahí cuando mi madre entró a la discusión y dijo; Tampoco es así, tu padre quiere decir que no siempre puedes reaccionar así, porque no siempre son comentarios cochinos.
Propuse un comentario “no cochino” y di como ejemplo esto: Señorita qué bonita se ve usted, y ellos dijeron que sí, que a ese no podía responder: maldito imbécil eso se llama acoso sexual. En ese momento me sentí ligeramente insultada (también tengo una ligeramente alta capacidad de drama), porque obviamente ante eso no reaccionaría así y también dije que esos son casi nulos o inexistentes, porque vienen de los viejitos de antaño que son casi nulos o inexistentes. Al final se me fue el antojo de chifa y terminé retirándome, educadamente y decepcionada de la mesa.

Una vez más me vine al cuarto y terminé no descubriendo la pólvora con respecto al acoso sexual callejero, porque creo que se sabe muy bien que este seguirá existiendo mientras que en nuestras familias se vea como un hecho de la rutina diaria, al cual tenemos que someternos a menos que sea extremo (como mis ejemplos de la combi). Mientras tanto pues a soportar desde el “bonita” hasta el “Ojalá yo fuera ese chupete”… en algunos casos te toca uno original que utiliza el contexto y si vas vestida de negro pues te sale un “qué tal viuda negra” (ya a mi me toca reír).

El soportar estos “piropos” termina en muchas actitudes que al final no le hacen bien a nadie, porque yo continúo teniendo agobio de caminar por las calles, miedo de cuando voy en la combi rodeada de hombres, condicionada al momento de vestirme (algunas son valientes) y muchas veces condicionada bajo la vergüenza de actuar y hacer valer mis derechos como mujer y persona.

Entonces qué hacer, en situaciones como esta, lastimosamente no hay algo verdaderamente eficiente, el observatorio de acososexual callejero propone ciertas cosas que bueno… a veces sirven, a veces no, la del puñete obviamente no esta. Como sea, creo que cada una de nosotras y nosotros debemos empezar a ser más concientes de estas cosas y primero aceptar que no esta bien y que no debería ser común… y después la típica pero importante acción de educar, primero a no actuar de esa manera y a no cosificarte como mujer, pero sobre todo a actuar ante este tipo de actitudes y perder la vergüenza a hacer el “ridículo” y atrevernos a empoderarnos de nosotras mismas en las calles y en nuestras familias.  



4 comentarios:

Priscila Gomez dijo...

EXACTO!! No es normal, y no tenemos xq pensar que tenemos que aprender a convivir con eso.

AnDrEa dijo...

Gracias! Has expuesto claramente lo que me pasa dentro y fuera de la calle. Dentro con la cochinadas que hay que aguantar y fuera con la típica: pero que más quieres o etc . . .

Yo uso bici para movilizarme por mi distrito y entonces uso ropa normal, incluyendo faldas y vestidos. Y bueno hay desde el huevón que dice: quisiera ser tu asiento hasta los conductores de carros que manejan despacito para ir a mi lado!

Leerte me a dado valentía para enfrentarlos de una manera más "educada" porque el calla mierda siempre se me sale rápido pero a mi parecer molestarme así les causa más placer. Desde mañana voy a defenderme de una forma más alturada informándoles que esto es acoso sexual.

Te felicito por tu puñetazo!

Lic. Esperanza Villafuerte dijo...

¡hola!, no sé que edad tengas pero me sorprende tu maduréz. Sucede querida Allegra que esto es una secuela del machismo, el machismo está lamentablemente en la piel de la sociedad. Si fuera tu hermano quien hubiera llegado a casa todo magullado por un par de puñetes y otro tanto de puntapiés, después de conocer el "por qué", la reacción hubiera sido sí de escándalo. Y es que mientras habemos mujeres de todas las edades que amamos nuestra tranquilidad y repudiamos el acoso cualquiera que sea su formato, hay otras a las que saberse codiciadas es como su identidad, están educadas para ser habladas y miradas como cosas, como objetos de una tienda... Siempre encontrarás disidentes sobre este tema.... pero tenemos derecho a la paz, a la seguridad, al libre tránsito.... un abrazo.

Allegra dijo...

Hola a todas,
Gracias por comentar en este post. Usualmente no publico más que mi trabajo, pero es que el acoso sexual callejero es algo que cada vez es más insoportable y tenemos que ver la forma de educarnos y educar a los que nos rodean y sobre todo de nosotras mismas empoderarnos y hablar cuando esto sucede.