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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Desde lejos

Desde hace poco más de un año que vengo trabajando en la región de Cajamarca en Perú, convirtiéndose esta en mi segundo hogar, aunque no me la pase todo el año ahí... Desde el tiempo que trabajo ahí he conocido de cerca los problemas que la gente que vive en el campo tiene que afrontar día a día. Esto me ha permitido tener un panorama amplio sobre lo que ahora ocurre en esta tan conflictuada zona peruana. 
La lucha en Cajamarca es una lucha honesta y fuerte por sobevivir. Así como yo quiero una vida digna para mi, lo mismo quieren ellos. 
Yo se que el Perú necesita de los ingresos de la minería y aunque no lo quiera, esta tiene que existir porque el mundo en el que vivimos lo implica. Pero hay cosas que no podemos dejar de lado y esas cosas son que hay otras personas como nosotras que necesitan vivir dignamente y tenemos que conocerlas y apoyarlas, porque por lo que ellos lucha es algo por lo que nosotros deberíamos luchar también. Lo que se destruirá en esa zona es para siempre y nos afecta a todos. 
Ahora que estoy lejos quisiera volver y estar ahí y me embarga una pena inmensa de saber que amigos mios y gente que quiero esta en la cárcel por "terroristas", cuando lo que defienden es la tierra y su derecho a vivir. 
Esto no es un post informativo ni nada, es lo que siento hacia Cajamarca y hacia la gente que lucha ahí, una lucha que vuelvo a repetir es sincera y verdadera. 

FUERZA CAXA




martes, 27 de septiembre de 2011

Sonrisas

Una de las mejores cosas de La Caravana Documental es que logras encontrar estas pequeñas personitas que te marcan para siempre. 

nenas



Retratos de viaje

Para llegar a Nueva Betania se tiene que hacer un viaje de cinco horas en bote. En teoría estos botesillos parten a las 7, pero mientras esperan a que se llene, mientras suben la carga, mientras los vendedores siguen ofreciendo sus juanes, chifles, aguas, frutas, etc... el bote termina saliendo a las 8:30. Todo bien con eso siempre y cuando no estés apurado. 


miércoles, 7 de septiembre de 2011

† † †

Mis padres nunca fueron de esos que asustan a sus hijos con la aparición del cuco en las noches o con las penas de espíritus atorados en la tierra. Al contrario, siempre hicieron de todo para que entendiera que en este mundo se le "debe tener más miedo a los vivos que a los muertos". 


Entre mercados y cementerios

Siempre me han gustado los mercados y los cementerios... Cada ciudad, pueblo, comunidad cualquier lugar con seres humanos tiene estos dos. 
Siento que en esos espacios se refleja de una manera distinta y exacta la esencia del lugar que estoy visitando, por eso cada vez que viajo, antes de ir a los atractivos turísticos, me doy un paso por estos dos, así ya se qué es lo que me espera en el resto de la ciudad. 


martes, 16 de agosto de 2011

Mundo Feliz

Andre y yo decidimos aprovechar nuestro último sábado libre de la caravana y pasear por la ciudad de pucallpa. Fuimos al cementerio (ya pondré fotos) y también fuimos a "Mundo feliz", el parque de diversiones con menos gente del planeta.  

Shipibo

Ya llevo dos semanas en pucallpa, la tierra colorada, y sencillamente no dejo de asombrarme de toda la cultura shipiba, su iconografía, su tradición oral, su idioma, sus saberes ancestrales, la forma en la que se relacionan los unos con los otros, y su sentido del humor tan vivaz y a veces extraño. Es fascinante entender lo que ellos saben de tantos años atrás, al mismo tiempo es frustrante que el resto de mi país sencillamente no le de valor alguno a todo este conocimiento y a esta increíble gente que tiene mucho por compartir e intercambiar. 
Muy pronto tendré mi nombre shipibo!
Shipibizate, ··como ellos dicen··



lunes, 15 de agosto de 2011

Hijos del río

Hace unos días Teobaldo me contó una historia de esas que me gustan escuchar. De esas que me hacen sentir el “Le creí, no le creí”.

“En una comunidad a tres días de Pucallpa, alguna vez vivió Asencia Valle la mujer que tuvo trece hijos, de los cuales seis fueron con el bufeo colorado.

Desde que tuvo 8 años Asencia estaba destinada a casarse con Roberto Ruiz. Los padres de ambos lo habían dispuesto de esa manera una noche de cacería en la que se sentaron a descansar frente al río.

La unión entre ambos se dio cuando ella tenía 15 y él 20, a los nueve meses de este encuentro nació Eliseo y casi al año nació Amadea. Los 4 vivían bien y tranquilos, sin lujos, pero con fuerza. Al poco tiempo  vinieron al mundo Teo y Zoila dos gemelos rosados y rubios, al verlos nadie en la comunidad se cuestionó el origen de esos niños tan diferentes, porque apenas salieron de Asencia supieron que esas dos bolas rosadas no eran de Roberto, eran del bufeo colorado. Esa era la única explicación lógica que existía y con esa afirmación terminó para siempre la paz de Roberto y su familia.

Por más de 6 meses el principal rumor en toda la parte de arriba del río era sobre el bufeo que se había enamorado de Asencia, de cómo este le hacía el amor en sus sueños y de los dos pequeños como resultados de esa unión inconciente. Roberto no pudo más con los rumores ni con la idea de compartir a su mujer, así que se la llevó a una comunidad aún más lejos, pero aún así no pudo librarse de este ser y Asencia dio a luz a otro pequeño rosado de ojos azules y pelos blancos. 

La huída siguió por todo el Ucayali, Roberto llevó a Asencia a todos los curanderos y brujos de la amazonía con la esperanza de que alguno de ellos pudiera por fin alejar al ser de agua dulce. Nadie parecía conseguirlo, hasta que por fin en un lugar llamado Nueva Tierra Colorada una viejita que llevaba unos mil años encima, logró engañar al bufeo recogiendo 10 gotas de la esencia de los tres pequeños y Asencia. Puso la esencia de cada uno en unos frascos y las envió secretamente a la zona baja del amazonas, haciendo que el bufeo emprendiera una búsqueda sin salida.

Por siete años Asencia y Roberto vivieron tranquilos, tuvieron 5 hijos más y formaron una gran familia. En Nueva Tierra Colorada estaban acostumbrados a ver a Teo, Zoila y Cledia nadar por horas en el río, cada vez que alguien perdía algo en las marrones aguas que rodeaban la comunidad, los encargados de encontrarlas eran estos 3 pequeños, porque se dice que podían respirar bajo el agua y dar órdenes de todo tipo a todos los seres del río. Además desde su llegada el pueblo había tenido las mejores épocas de pesca en muchos años y por eso, en la comunidad, estaban agradecidos de su presencia. Así pues, la “extraña” familia era bienvenida y querida y por ello habían logrado pasar por uno más aunque no fueran uno más.

Los tiempos de tranquilidad mental para Roberto terminaron cuando al séptimo año Asencia volvió a traer al mundo a tres niños más. Otra vez estos no eran como él, no tenían sus ojos rasgados, ni su piel de caoba. Eran todo lo contrario, nuevamente estos 3 niños eran rosados, rubios y de ojos azules. Roberto no entendía, nuevamente recurrió a la viejita que llevaba los mil años encima, pero esta le dijo que la única forma de alejarse de él era volviendo a huir, era dejar la selva y cambiarla por los desiertos, ir a algún lugar sin agua y lo más lejos posible. Asencia al escuchar esto perdió la razón y decidió, secretamente, entregarse al bufeo colorado, así que un día de amarilla luna llena se entregó al río, se encontró con el bufeo y partió con él a los mundos escondidos de esas aguas misteriosas.

Roberto al no encontrarla al día siguiente emprendió su búsqueda, pero esta desistió cuando a los dos meses sus hijos que no eran sus hijos se lanzaron al río para también nunca más volver. Ahí entendió a dónde había viajado Asencia y no pudo hacer más que admitir e intentar superar su dolorosa derrota." 

Le creí y no le creí a Teobaldo hace unos días cuando me contó esta historia... Al ver mi cara de duda e incredulidad me mostró un manojo de fotos sepias y casi destrozadas de los niños bufeos, de Asencia, Roberto y sus siete hijos. Al rato de enseñármelas me dijo, "Este soy yo, el menor de los hijos de mi padre y de mi madre, de Asencia Valle y de Roberto Ruiz. Yo soy Teobaldo Ruiz Valle y Teo, Zoila, Cledia, Pedro, Amelia y Janeth fueron mis hermanos, mis hermanos bufeo."

lunes, 8 de agosto de 2011

Le creí, no le creí

En la selva te cuentan historias de duendes y bufeos, de sirenas y espíritus, de seres que juegan contigo y te enseñan su mundo, de seres que te llevan para nunca más dejarte volver. En la selva te cuentan sobre seres que desde niños te han dicho que sólo cobran vida en las páginas de libros o por las noches de tertulias. 


En la selva, aunque no me crean, esos seres mágicos no sólo pertenecen a relatos de abuelos o a páginas viejas. Estos seres pertenecen a la vida misma, a la vida en la selva. Por esto uno siempre debe andar atento para evitar caer en trampas de chullachaqui, para descifrar el silbido de un tunchi, para reconocer el viento del Yoshin Shatan y sobre todo para no enamorarte del bufeo colorado. 


Desde que estoy acá he escuchado del nacimiento de hermanos bufeos, del misterioso rapto de las chicas más hermosas de nueva betania, de los hombres invisibles que viven en donde nadie puede entrar. Las historias me las han contado con una aseveración verdadera y máxima, dudar de su veracidad es un insulto casi mortal. Yo no quiero dudar, del que me la cuenta "le creí, no le creí", como diría César Calvo. 

martes, 2 de agosto de 2011

En el oriente

Pucallpa nos recibió con uno de los cielos más increíbles que he visto, mientras estábamos en el avión se veía una línea rojo incandescente y encima de ella celestes, turquesas y verdes. Al ver eso uno tiene que pensar que lo que te espera al bajar es mucho mejor. 


domingo, 31 de julio de 2011

El cuaderno de la selva

Mentiría si dijera la edad exacta desde la que colecciono cuadernos. Lo único que se es lo típico que se dice en estos casos "lo hago desde que tengo uso de razón" (obviamente no es cierto, pero quedémonos con eso). 

Desde chiquita cogía los cuadernos, no discriminaba, no me importaba si era loro, justus, minerva, paperblanks, etc. Los cogía y los olía y al instante me entraban unas ganas infinitas de pintarrajear esas hojas intactas, blancas y vírgenes. Mis padres nunca entendieron que en navidad sólo bastaba con regalarme un cuaderno y un montón de plumones y lápices (felizmente la tradición de los regalos no duró mucho y no tuve que soportar más muñecas diabólicas).

Me voy de caravana

Hace dos años y medio, en mi último año de universidad y en pleno apogeo de crisis existencial, caí casi accidentalmente en un grupo llamado Docuperu (recientemente ex DIP)... Ellos tenían un proyecto, La Caravana Documental. No sabía casi nada sobre eso, pero algo me decía que era de esas cosas increíbles por las que muy poca gente apuesta y  bueno, gracias a la exigencia universitaria de hacer una tesis tuve la magnífica idea de hacerla sobre este proyecto, que para mi mezcla perfectamente lo que yo algún día quiero lograr... desarrollo social + arte.